PABLO MARTÍNEZ: EX PRESO, CAMBIÓ DE SEXO Y PROTAGONIZÓ UN FUERTE CRUCE EN TV

La detención de dos personas por el hecho del cuerpo calcinado en un auto, puso el foco en uno de los implicados.

Se trata de Pablo Martínez, un hombre que poseé antecedentes penales y que fue noticias por un duro cruce con el fallecido periodista Rubén González.

El 3 de Septiembre de 2013 en el programa Saber ver de Bahía Blanca, González se trenzó en una fuerte discusión con su invitado, el ex convicto y recientemente operado para cambiar de sexo Pablo Martínez. El centro de la pelea fue que el conductor acusaba de “mentiroso consuetudinario” a Martínez por no admitir que había estado en una cárcel de mujeres.

Pablo Martínez se defendía argumentando que “en Bahía Blanca no hay cárcel de mujeres, sino que hay un pabellón”, y aclaró: “Yo estuve en el pabellón 3 de varones“.

El testimonio de González se basaba en que su invitado antes (en la cárcel) se llamaba Giselle y que era imposible que “Pablo Martínez haya estado en una cárcel de mujeres”. Ante esto, Martínez se defendió diciendo: “Mi mamá me dio un nombre y yo siempre tuve ese nombre. Que yo tenga un problema con mi sexualidad no tiene nada que ver con lo que estás diciendo”.

Un día después de la situación captadas por las cámaras, Martínez habló con los medios nacionales, entre ellos Página 12.

–       Cuando llego al programa ya estaba hablando Rubén González de lo contento que estaba porque habían mandado a Prefectura a controlar las calles de Bahía. Ahí digo “uy, cagamos…”. Me siento y me empieza a decir “Giselle”. Varios me dijeron después: “¿Y por qué no le mostraste el DNI?”. Pero al facho no sé cuánto le importa si te cambiaste o no el DNI. Sigue con lo de la cárcel de mujeres, cuando en Bahía no hay. Hay un pabellón. Ahí estuve un par de días pero enseguida me pasaron. Uno de la producción de Saber ver se quedó mal y subió el video a YouTube para que se difundiera. Me hago cargo de que no le tendría que haber tirado el vaso. Pero hay partes que no se mostraron. Él fuera de cámara me siguió insultando sin parar. A él yo lo conocía de nombre y sabía que él metía droga en la cárcel y es amigo de la Policía: les pide información. No me sorprende: en Bahía pasan tantas cosas, ser periodista y transa es lo de menos. Es una chacra asfaltada. Todo lo que pasa acá muere acá. Se cae una vaca en una zanja y tenés veinte patrulleros, los bomberos y a todos los medios cubriendo el notición. Mientras, hay pibes muertos por gatillo fácil, pero de eso no hay que decir nada.

Siguió Martínez:

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–Soy militante de Octubre. A mi identidad siempre la construí como Pablo, por más que en mi DNI dijera algo distinto. Muy pocas personas sabían de esto y nunca fue algo de lo que pudiera hablar con confianza en un lugar como es Bahía. Soy adoptado por eso, hay mucho del pasado que estoy tratando de reconstruir. Conozco a mis padres biológicos, pero no quiero tener por ahora relación con ellos. Cuando nací me pusieron un nombre de mujer y me dieron en adopción a los dos meses a una familia de campo. Cuando fui creciendo mi cuerpo se fue desarrollando de manera distinta de la que decía mi DNI. Siempre me porté como un pibe y vestí como Pablo. Cuando tenía trece, le pregunté a mi mamá adoptiva qué nombre me hubiese puesto ella si hubiera podido y me dijo Pablo. Y ahí quedó. Lo cambié cuando salió la ley. No tengo claro si me operaría los genitales. Creo que las cosas están bien así como están. Lo de la mastectomía sí me parecía necesario para poder andar en cueros, ir a la pileta con mi hijo.

¿Por qué estuviste en la cárcel?

–A los 6 años se me aparece una mujer diciendo que ella era mi verdadera madre. Ahí empiezan muchos de mis problemas de rebeldía. A los ocho me escapo. Empiezo una vida de chico de la calle en Buenos Aires. Paso por institutos de menores, afano, consumo, de todo. Termino preso por robo con armas. Me dan siete años. Los cumplo. Hace seis que estoy afuera. Pasé por casi todas las cárceles de la provincia de Buenos Aires. Alguna vez me tocó cárcel de mujeres y otras de hombres. Lo mismo con los pabellones. Tuve que estar en cárcel femenina en La Plata, en la Unidad 8 y la Unidad 33. Todo depende de qué tan copado sea el jefe penal. En la unidad de Sierra Chica de Bahía Blanca estuve con varones. En Mercedes y San Nicolás, también, varones.

Por cómo muchos presentaron la noticia parece que tiene más peso ser “ex convicto” que “intersex”.

–Es como si te dijeran: “Vos estuviste en la cárcel y vas a ser un preso para siempre, no te lo vas a poder sacar”. La cárcel para mí ahora, si bien no es algo que niegue, es parte de un pasado que quiero entender. Lo que pasó, tanto con el conductor de Saber ver, González, como con muchos medios que tomaron la noticia, fue una doble discriminación. A lo de “ex convicto” le sumaron lo de “hermafrodita” y ¡bingo!Además, es una forma muy hipócrita de ver las cosas. Los chorros no son sólo los nacidos en la villa, también están los de traje y corbata, pero ésos no van a la cárcel. Lo que quisieron mostrar es una imagen de que soy un chorro irrecuperable y, además, un enfermo. Fui a hablar de una mastectomía, ¿qué importancia tenía si pasé por un pabellón de mujeres, hombres o travestis?

¿Por qué decís que en el penal te tildaron de peligroso?

–Estoy estudiando Derecho porque en la cárcel aprendí que las cosas tienen que cambiar. Se tiene la sospecha pero no se habla de todo lo que tiene que cambiar en el aparato represivo. La cárcel es lo que más fomenta el delito y eso es lo que nosotros desde la militancia estamos tratamos de revertir. Yo di varias charlas en la Universidad de Bahía en las que cuento cómo pasé del penal a la facultad. Pero no lo cuento como que lo pude hacer por voluntad y qué sé yo, porque sin ayuda del Estado no hay voluntad que alcance. Los de afuera ni se imaginan lo que es adentro. Es mentira que todos tengan acceso a estudiar y a aprender un oficio. Hacía motines para pedir por esas cosas. Todo está organizado de tal manera que cuando salís no se te ocurre ninguna alternativa más que el delito. Después hay mil cosas, por ejemplo, es mentira que a los violadores los violan adentro. Ellos, junto a los policías que caen presos, son los más protegidos.

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