LA INCÓMODA GRIETA IDEOLÓGICA QUE CRECE ENTRE MACRI Y SUS ALIADOS

En el vértigo de la crisis hay días en que Mauricio Macri se siente solo. Le fastidia que entre sus aliados se reniegue de principios que él considera esenciales de la transformación económica que pretende impulsar.

El affaire del pago retroactivo en las tarifas del gas llevó a un extremo esa extrañeza. En el mundo ideal de Macri, el secretario de Energía, Javier Iguacel , se hubiera ganado el premio al funcionario del mes, a pesar de que la resolución que avaló la suba extra desató un temblor político, exacerbó el malhumor social y terminó fulminada para evitar males mayores.

“Es de los que entiende que hay que hacer lo que corresponde, sin demagogia”, lo defendieron cerca del Presidente. Es cierto que Macri decía lo mismo del antecesor de Iguacel, Juan José Aranguren , y acabó por echarlo cuando la realpolitik se impuso. Pero, al menos por ahora, se encargó de ratificarle en persona la confianza al hombre de las tarifas .

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