EL ARMADO SILENCIOSO DE JUNTOS POR EL CAMBIO

Rodríguez Larreta y Diego Santilli ya mueven para cumplir sus objetivos estratégicos y aprovechar los errores del Gobierno causados por los tironeos internos, la extensa cuarentena y los efectos de la crisis económica.

Luego de un fin de semana marcado por una celebración del Día de la Lealtad Peronista distinto a otros, quedaron varias perlas que marcan la discusión del poder en los meses próximos y con las elecciones de medio término a la vuelta de la esquina.

Primero la simbología del poder. Alberto Fernández no eligió cualquier lugar para conmemorar la Navidad del Movimiento: fue a la sede central de la Confederación General de los Trabajadores. No, no fueron los sindicalistas a la Casa Rosada ni a Olivos, fue el Presidente quien se trasladó a sabiendas que de que aún le resta pedirle demasiado a quienes han hecho mucho silencio en un año de destrucción laboral y licuación salarial. Y por afuera de la CGT, Hugo Moyano marcó la cancha poniendo todos los camiones que podían llegar a las inmediaciones al histórico edificio. Porque el poder será de las instituciones, pero estas están compuestas por hombres.

Y la que más poder demostró tener, es la que estuvo en boca de todos sin siquiera asistir: Cristina Fernández no necesitó ir a ningún acto. A los sindicalistas les ahorró tener que compartir el acto con ella, a ella le alcanzó para mostrar quién manda. Win-win.

De todos los desaciertos que tuvo Alberto Fernández a lo largo de su discurso –como que con Perón llegaron los sindicatos– hay uno que puede llegar a doler. «Dios es peronista» dijo el Presidente sin sonrojarse y, si bien muchos pudieron ofenderse –de hecho, lo hicieron– hay algo que es cierto: si Dios está en todas partes, en la política argentina el peronismo es lo que más se le aproxima.

El ala peronista de Juntos por el Cambio, Vamos Juntos, Cambiemos o Pro –según la denominación que posea en cada distrito– también celebró el Día de la Lealtad desgastando aún más el sentido etimológico de la frase en sí. Peronistas hay por todos lados y así fue cómo lo tuvo que recordar Mauricio Macri en la entrevista.

Y sí, muy a pesar de los más antiperonistas dentro del votante de Juntos por el Cambio, el espacio cuenta con peronistas con pedigreé desde su génesis y no hace falta recordar la última boleta presidencial con Miguel Ángel Pichetto al lado de Macri.

Sin embargo, Macri, en una entrevista con Joaquín Morales Solá tuvo un dejo de desdén hacia lo que él llamo «el ala filoperonista» en relación a Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y compañía. Y era obvio que esto no caería bien, a pesar de que Macri no fue tan lapidario en el contexto.

En La Plata el mensaje cayó mal en el bloque que armó Emilio Monzó, que no es filoperonista, sino tan peronista como el Plan Quinquenal. “Sale a marcarle la cancha a Horacio Rodríguez Larreta y a María Eugenia Vidal y la noticia termina siendo Monzó”, se quejan en los pasillos de la legislatura bonaerense.

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